Quienes viven

Sobre quiénes somos, tan sólo se encontrará una respuesta satisfactoria para aquellos que logren leer en los remolinos del viento, detrás de los susurros del agua y en el crecimiento de los árboles.

Como canturreaba un bardo sobre las manos y voces invisibles que modelan sin descanso el mundo, sobre las criaturas escondidas en la luz y la noche, de cientos de ojos que jamás se cierran:

Somos sombras y somos deseos.
Somos miedos escondidos en el vértigo, y sueños susurrantes
que tallados en piedra esperan su momento.
Y piedra, y humo, y fuego. Y aliento de creadores,
y pasos, y fiebre, y hielo.
Las ventanas, el lecho y el techo. Y somos las manos del herrero.

***

Y para traducir todo esto, vivo yo, ilustradora por convicción y creadora de historias escritas por terquedad. Mientras dibujaba con una mano y utilizaba la otra para apoyar la cabeza y mirar distraídamente por una ventana tratando de imaginar correteando aquello que la diestra hacía con voluntad propia, a penas entrando en la adolescencia, comencé a decidir escribir.
De eso hace muchos años y todavía sigo mirando por la ventana, todavía sigo decidiendo que voy a escribir; es una decisión de la que me voy sintiendo más segura a medida que pasa el tiempo, y ocurre sin darme cuenta, con los años. Y tal vez sea por eso, por ir caminando sin que los pies toquen el suelo, entre brumas de colores danzarinas, que me sumerjo en este mundo de forma tímida, todo lo humildemente que soy capaz, pues desconozco el camino, lo que hay al otro lado o lo que me puede esperar en cada puerta, o cada ventana. Una idea potente me mueve, una intención de fuerza mayor: dentro de mi lleva forjándose una historia desde hace mucho tiempo, y mi deseo más feroz es contarla.

La fantasía heroica es mi género, ya que fue con el que empecé a leer novelas de niña, siendo Tolkien el primer autor que leería y que, como suele ocurrir, me marcaría por siempre. Sin embargo, como prácticamente todo lo que ocurre mientras la niñez y la adolescencia se suceden y que implantan una fuerte semilla, descubrí otros géneros más oscuros procedentes de las historias de miedo, pesadillas e invocaciones involuntarias de fantasmas de rostros turbios que también me abrieron pasajes, mucho más tortuosos y descendentes, a otros mundos que también me atraían poderosamente. Poe se consagró para mi al proporcionarme sus cuentos pesadillas muy vívidas; entrando en la adolescencia descubrí a Baudelaire, y más tarde vino King.
Sea como sea, la historia que pretendo comenzar a contar, a base de relatos cortos, pequeños cuentos y cartas, no trata sólo ni mucho menos de valerosos héroes de espadas temibles con nombres épicos; trata también de los fantasmas escondidos bajo las capas, las pesadillas de las noches frías, de llantos que traen el viento y la lluvia, del vaivén inquieto de la incertidumbre, la sombra que no deja ver, los miedos, los fracasos, y el declive silencioso o el éxito sangriento de todos cuantos pueden elegir.

-Alba Porta, Rolsfer




Pero que quede claro: soy jovial y optimista sin en menor rastro del sentido del ridículo. Y sin embargo soy brutalmente tímida y vergonzosa,
lo cual no parece tener mucho sentido, pero creedme, lo tiene. Entre atravesar una calle muy transitada a la carrera con una armadura hecha de 
cajas de cartón,  y hablar en público delante de 30 pares de ojos, elijo las cajas.




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